El ángel Gabriel le acaba de decir a la joven María que tendrá un hijo, que este se llamará Jesús y reinara para siempre. Pero María le pregunta: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones sexuales con ningún hombre?” (Lucas 1:34).

Gabriel le contesta: “Sobre ti vendrá espíritu santo, y el poder del Altísimo te envolvera con su sombra. Por eso el que va a nacer será llamado santo, Hijo de Dios. (Lucas 1:35).

Quizás para ayudarla a creer lo que le acaba de decir, Gabriel añade: “Mira, tu pariente Elisabet, que ya es muy mayor, también ha concebido un hijo; la que llamaban estéril ya está en su sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible” (Lucas 1:36, 37).

María demuestra con su respuesta que cree lo que le dice el ángel: :¡Aquí está la esclava de Jehová! Que me suceda tal como has dicho” (Lucas 1:38).

Cuando Gabriel se va, María se prepara para visitar a Elisabet, quien vive con su esposo, Zacarías. Su casa está en las montañas de Judea, cerca de Jerusalén. María vive en Nazaret, así que este viaje le toma tres o cuatro días.

Cuando por fin llega a la casa de Zacarías, saluda a Elisabet. En ese momento, Elissbet se llena de espíritu santo y le dice a Maria: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿A qué se debe que tenga yo este honor, que la madre de mi Señor venga a verme? Porque, fíjate, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura que llevo en el vientre saltó de alegría” (Lucas 1:42-44).

María se siente tan agradecida que dice: “Mi alma alaba la grandeza de Jehová, y mi espíritu no puede menos que llenarse de alegría a causa de Dios, mi Salvador, porque él se ha fijado en la humilde condición de su esclava. ¡Y de ahora en adelante todas las generaciones me llamarán feliz! Porque el Poderoso ha hecho cosas grandes por mi”. Es evidente que, aunque Dios le ha concedido un gran honor, ella no se cree especial. Al contrario, sólo tiene palabras de alabanza para Dios. María sigue diciendo: “Su nombre es santo. De generación en generación les tiene misericordia a quienes le temen” (Lucas 1:46-50).

A continuación, María alaba a Dios con estas palabras profeticas: “Ha hecho cosas poderosas con su brazo; ha dispersado a los que tienen intenciones arrogantes en el corazón. A los poderosos los ha derribado de sus tronos y a los humildes los ha elevado; a los hambrientos los ha llenado por completo de cosas buenas y a los ricos los ha despedido con las manos vacías. Ha venido a ayudar a su siervo, Israel, acordándose de su misericordia a favor de Abrahan y su descendencia para siempre” (Lucas 1:51-55).

María se queda unos tres meses con Elisabet y seguro que la ayuda mucho durante las últimas semanas de su embarazo. Estas dos mujeres fieles han quedado embarazadas con la ayuda de Dios. ¡Que animador debe ser para ellas estar juntas en estos momentos!